lunes, 20 de agosto de 2007

Enseñanza de Religión en la Escuela por Mons. José Sánchez González


Queridos diocesanos:

Al comenzar el nuevo Curso Escolar 2007-2008, me dirijo especialmente a los padres con hijos en edad escolar y a los mismos alumnos católicos, exhortándoos encarecidamente a tomar muy en serio la obligación de solicitar de la dirección del Colegio la Clase de Religión Católica.

Es derecho primordial e inalienable de los padres y su sagrada obligación educar a sus hijos según sus propias convicciones y exigir de la sociedad y de la comunidad religiosa la ayuda necesaria para el ejercicio de este derecho y el cumplimiento de esta obligación.

Nuestra actual Constitución Española y los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Español garantizan a los padres la posibilidad de que en la Escuela de titularidad estatal los católicos que lo soliciten reciban la Enseñanza de Religión Católica correspondiente. Lo mismo los miembros de otras Confesiones cristianas y de otras Religiones. Pero es necesario que los padres y los alumnos, cuando éstos son ya mayores de edad, lo soliciten, mantengan el seguimiento y reclamen del profesor o del Centro que respondan a este derecho con la enseñanza adecuada y con el ejemplo del profesor o profesora. Asimismo tienen los padres también derecho a que sus hijos no sean molestados o confundidos en sus convicciones y en su vida religiosa por la enseñanza de otras materias.

Aunque es cierto que el factor principal de la educción en la fe y de la práctica religiosa es la familia, son también muy importantes la comunidad religiosa a la que se pertenece, en nuestro caso, la Parroquia, y la Escuela. Cada instancia tiene un papel específico y todas juntas dan como resultado una educación integral, armónica y completa.

Lo más importante que aporta la Enseñaza de Religión en la Escuela es que está integrada en el marco de las demás asignaturas. De este modo, la Religión no se plantea como algo ajeno al aprendizaje y a la formación de la persona en sus diversas dimensiones, o como algo extraño a las demás ciencias y saberes. Sacar la enseñanza religiosa de la Escuela daría la impresión de que, o es algo inconveniente, que no se debe aprender donde se aprende todas las demás materias, o es algo irrelevante, para lo que no merece la pena emplear el tiempo que hay que quitar a las otras asignaturas.

Los cristianos consideramos que, en una educción integral de la persona, el aspecto religioso, su mundo sobrenatural y trascendente, la relación con Dios y con los demás miembros de la comunidad de fe o Iglesia son algo fundamental en la vida de la persona y han de tener cabida, como todos los aprendizajes, enseñanzas y orientaciones importantes, en el lugar que la sociedad dispone para ello, que es la Escuela.

Frente al especial empeño puesto por el actual Gobierno de la Nación en imponer para todos los alumnos la enseñanza de una asignatura obligatoria denominada “Educación para la Ciudadanía”, muy justamente cuestionada, tal como se presenta, por muchos padres, por la Iglesia y por otros sectores relacionados con la Educación, los católicos tenemos como primera obligación la educación como cristianos. Una buena educación cristiana tendrá como resultado no sólo buenos cristianos, sino también buenos ciudadanos. Ahora bien, ciudadanos libres, siempre respetuosos, pero críticos, frente a todos los poderes de este mundo; nunca cómodos ni acomodaticios. Los cristianos no reconocemos otro señorío que el del Señor Jesús, ni otra ley por encima del Evangelio.

Un cristiano tendrá que medir toda otra orientación de la educación propia y de sus hijos desde su fe y su reconocimiento de Jesucristo como su Señor y Maestro y usará todos los medios justos para resistir, oponerse y combatir cualquier injerencia en el ámbito de su conciencia y de sus convicciones.

Poned, queridos padres y alumnos, un gran empeño en la formación religiosa en la familia, en la Iglesia y en la Escuela. Todo ello es necesario, hoy especialmente.

Os saluda y bendice vuestro Obispo

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sábado, 18 de agosto de 2007

El Obispado de Mallorca habilita una cuenta bancaria para donaciones en favor de los afectados por el seísmo en Perú

Palma (EP).- El Obispado de Mallorca, a través de su organización Mallorca Missionera, ha habilitado una cuenta bancaria destinada a recaudar fondos para ayudar a las personas afectadas por el seísmo ocurrido en Perú y contribuir así a la reconstrucción de las zonas destruidas, informó hoy la entidad religiosa en un comunicado.
El obispo, Jesús Murgui, expresó sus condolencias y dolor por las víctimas que murieron en el temblor y hacia las personas que sobrevivieron pero que ahora tiene que hacer frente a dicha situación. Por último, agradeció a todas aquellas personas que mostraron su preocupación y su interés por la situación y dieron las gracias por adelantado por la colaboración de todos.
La cuenta de la entidad bancaria donde se puede depositar los donativos es Sa Nostra-Mallorca Missionera 2051 0099 87 1000723098 indicando que la destinación es “Terratrèmol Perú”.

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TOLEDO - Campaña de Cáritas Diocesana en solidaridad con los damnificados del terremoto en Perú


Desde Cáritas Diocesana de Toledo ha iniciado una campaña de ayuda a los damnificados por el terremoto de Perú. Para ello facilitamos el número de cuenta bancaria donde pueden hacer sus donativos para tal fin, indicando en el concepto "AYUDA TERREMO PERU".

CCM: 2105-0036-18-1240001109
BANCO POPULAR: 0075-0217-13-0600117871
CAJA RURAL: 3801-0176-67-1102445226

Con el firme propósito de ayudar a las familias damnificadas por el terremoto ocurrido en la región Ica, Cáritas de Perú junto con la Conferencia Episcopal Peruana unen esfuerzos para llevar adelante una Cruzada de Solidaridad a favor de las víctimas del desastre.
El Presidente de Cáritas del Perú, Mons. Miguel Irizar hizo un llamado a la solidaridad y a brindar toda la ayuda posible a las zonas afectadas.
Un equipo de Cáritas del Perú viajará hoy a la ciudad de Ica para coordinar con las parroquias la ayuda, así como tener información de primera mano de los daños ocasionados.

Terremoto de grado 7.9

Un fuerte terremoto ocurrió a las 6:40 de la tarde del 15 de agosto, y su epicentro fue localizado en el mar, a 60 kilómetros al oeste de Pisco a una profundidad de 33 kilómetros. Los Servicios Geológicos confirmaron la ubicación del epicentro a 148 kilómetros al sur-suroeste de Lima, y a 110 kilómetros al noroeste de Ica
Posteriormente se produjeron tres réplicas. La primera tuvo una intensidad de 5,9 grados y ocurrió a las 7:19 p.m. Su epicentro fue localizado a 85 kilómetros al sur de Chincha, en el departamento de Ica.. La segunda ocurrió a las 7:41 p.m. a 70 kilómetros al sureste de Huancayo, mientras que la tercera se registró a las 8:02 p.m. a 146 kilómetros al suroeste de Lima.
El movimiento telúrico se sintió fuertemente en distintos puntos de la capital. En el Centro de Lima, los trabajadores abandonaron los edificios para agruparse en las calles. Así mismo se sintió a lo largo de la costa del Perú, llegando al sur de Colombia.
El Servicio Geológico de Estados Unidos
(USGS) informó que el terremoto tuvo una intensidad de 7,9 grados en la escala de Richter, cuyo epicentro fue localizado en el mar a 60 kilómetros de Pisco. El pánico y el caos se apoderaron de varias calles de Lima donde hubo algunos derrumbes.

Daños causados:

El seismo fue sentido desde los departamento del Norte en Tumbes y Cajamarca, como en el Sur en Cusco, Tacna, y en el centro Junín, como en la selva en Pucallpa, creando zozobra y nerviosismo. Cabe indicar que a las 10:10 a.m. del día 16 de agosto se han calculado alrededor de 387 muertos y 1050 heridos en la región afectada.
Los servicios de salud y emergencia en Ica están congestionados y colapsaron su capacidad de atención, careciendo de áreas, personal, medicamentos y servicios clínicos y quirúrgicos. En la ciudad de Ica, hay daños materiales en viviendas, edificios y locales, la Iglesia del Señor de Luren, apreciado por la feligresía ha sufrido importantes daños por el terremoto.
En el hospital de Chincha, provincia de Ica, se confirmaron 28 muertos y la destrucción del 40% de las cerca de 40.000 viviendas de la población.
En otra zona de Ica, Pisco, muy cercana al epicentro, se tienen versiones no confirmadas de decenas de muertos, y daños materiales importantes.

Daños en Lima y el Callao

Hasta las 11 pm, se registraron 104 emergencias en Lima y Callao. De éstas, 61 han sido médicas. Además, hubo un accidente vehicular. Fallecieron dos personas por infartos cardiacos, y los servicios atienden casos de ansiedad.
Asimismo, hubo dos incendios producto de los cortos circuitos, en el Rímac y en el Callao. Ambos ya fueron controlados. El local del Ministerio de Trabajo ha sufrido daños, y el Ministerio a suspendido las actividades para realizar una evaluación técnica.
Transcurrido 4 horas del terremoto, el Instituto Nacional de Defensa Civil ni las autoridades locales en Ica, no han emitido reportes de daños.
Las comunicaciones telefónicas en Lima, Callao e Ica han sido afectadas, así como problemas en energia eléctrica.
Se tienen reportes de avalanchas que han afectado la Panamericana Sur hacia Ica, y la Carretera Central entre Lima y Huancayo.

Declaración de Emergencia

El Presidente de la Republica, Alan García a las 10 pm realizó una exposición por los principales medios, exhortando a la calma, informando del desastre, la declaración de emergencia en el departamento de Ica, la suspensión de clases en todo el territorio nacional.
El ministro de Salud, Carlos Vallejos, anunció que todos los establecimientos de salud del país, tanto estatales como privados, están en estado de alerta roja, y cualquier persona que necesite de sus servicios podrá acercarse. Asimismo, se mostró preocupado porque aún no hay comunicación o información precisa sobre el balance oficial del sismo de 7,5 grados.
El Centro de Alerta de Tsunamis en el Pacífico emitió hoy una advertencia de tsunami para la costa occidental de Sudamérica, que afecta a Perú, Chile, Ecuador y Colombia.
Las autoridades en el Callao ha tomado medidas de evacuación de la zona más expuesta en el distrito de La Punta.

Llamado de la Iglesia Católica

El Papa Benedicto XVI hoy hizo saber en un telegrama enviado a las diócesis afectadas que se encuentra "profundamente apenado" por las víctimas y heridos que causó el terremoto.
En el telegrama, firmado por el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, el Papa "ofrece votos al Señor por el eterno descanso de los fallecidos" y ruega que se transmita su "sincero pésame" a los familiares.

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jueves, 16 de agosto de 2007

MONSEÑOR SÁNCHEZ, EL OBISPO DE CÓRDOBA Y UN CENTENAR DE SACERDOTES EN EL SEPELIO POR EL MISIONERO ELOY GUIJARRO

A primera hora del miércoles 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen a los cielos, fallecía el sacerdote diocesano Eloy Guijarro Abajo. Tenía 66 años. Desde 1984 era misionero en Venezuela, país en el que fue delegado de los misioneros de la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal con Hispanoamérica).
Monseñor José Sánchez González, obispo de Sigüenza-Guadalajara, presidió su sepelio en la iglesia parroquial de Arbancón, a partir de las 17,30 horas del martes 16 de agosto. Le acompañaban nuestro paisano monseñor Juan José Asenjo, obispo de Córdoba, y un centenar de sacerdotes diocesanos.
Eloy Guijarro, nacido en Angón el 25 de junio de 1941, fue ordenado sacerdote el 18 de febrero de 1967. Fue párroco de Arbancón y anejos hasta 1984, en que marchó a la parroquia de Cabudare (Venezuela). En el último año la enfermedad le ha apartado de la misión, a la que, no obstante, regresó recientemente.
Meses atrás, la comunidad parroquial del "Sagrado Corazón de Jesús" de Cabudare, a tenor del gran trabajo pastoral desarrollada por su párroco, solicitó, a través del arzobispo de Barquisimeto, que la Santa Sede le concediera la distinción pontificia de capellán de honor de Su Santidad el Papa, título que conlleva el tratamiento de monseñor. En esta parroquia se celebró un funeral a la misma hora del sepelio de Arbancón. (ECCLESIA DIGITAL)

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Homilia en la fiesta de la Asuncion de la Virgen Maria por Mons. Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal Española


Queridos hermanos y hermanas, os saludo cordialmente en la fiesta de Nuestra Señora la Virgen de Begoña, que desde primeras horas de la mañana venimos celebrando con gozo un año más, pero con actitudes renovadas de fe y devoción. A la casa de la madre llegamos con nuestros temores y esperanzas, con nuestros deseos de hacer el bien y con nuestros pecados, con agradecimiento por su protección y con la preocupación de nuestras necesidades. Junto a la Amatxo de Begoña buscamos superación de las discordias, serenidad en las tribulaciones, alivio en la dureza de la vida.

Junto a la Madre aprendemos todos sus hijos cariño y afecto, compasión y fraternidad. El Santuario de Begoña es para todos nosotros despertador y animador de la fe, oportunidad para renovar el corazón, faro que ilumina el camino. Aquí podemos acercarnos confiadamente; en la casa de la Madre estamos todos con pleno derecho; todos hallamos cobijo.

El Evangelio, que hemos escuchado con fe, ha narrado la visitación de María a su prima Isabel y sigue un canto de acción de gracias a Dios en labios de la Virgen. Comentando con Ambrosio de Milán este pasaje invitó a los cristianos de su tiempo y su invitación llega hasta nosotros: “Que en todos resida el alma de María”, es decir, que glorifiquemos a Dios como ella, que creamos con ella, que la fe muestre en nosotros su fecundidad, que de nosotros se pueda decir también: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc. 1,45). La fe es un tesoro inestimable; la fe ilumina el corazón y derrama en él gozo y paz; la fe en Dios abre sin cesar la puerta de la esperanza. El panorama de la vida del hombre en medio del mundo cambia profundamente al creer. Creer es como una regeneración interior que otorga actitudes nuevas ante las personas, las cosas y los acontecimientos. Por ello, el Evangelio proclama dichosos a los que creen (cf. Mt. 11,25; Lc. 10, 23-24; Jn. 20, 29). La fe cambia la vida y la increencia también; no es lo mismo creer en Dios que no creer en Dios. La fe en Dios otorga sentido, abre el horizonte de la vida, confiere fuerzas para el amor. Al hombre le viene bien creer en Dios.

La fe siempre ha estado expuesta a dificultades interiores y exteriores; no está en nuestro poder asegurarla frente a dudas y vientos contrarios. Por esto, al tiempo que agradecemos la fe, debemos pedir al Señor que nos la aumente. La fe es al mismo tiempo don de Dios y respuesta libre del hombre; a nadie se puede imponer la fe, nadie cree forzado interiormente. Sólo Dios puede acceder al corazón de la persona, que es como un santuario ante el cual debemos los demás detenernos respetuosamente. La fe nace en el corazón, se profesa con los labios y se muestra en la vida diaria (cf. Rom. 10, 8-10; Sant. 2,18). “La fe se propone, no se impone”, dijo públicamente Juan Pablo II en su última visita a España.

Por otra parte, el Evangelio, que la Iglesia quiere transmitir hoy y siempre, debe ser anunciado y testificado con audacia y respeto, con valor y entusiasmo. Un regalo inestimable no se ofrece desganadamente.

La Iglesia vive y convive en una sociedad plural y democrática. Colaboró en su momento a la búsqueda y plasmación de la concordia entre todos los españoles, y continúa actuando con la misma actitud en el presente y de cara al futuro. Sus fieles comparten con muchos la gracia de la fe y con todos la común ciudadanía. El Estado aconfesional es el marco adecuado que asegura a todos los ciudadanos creyentes y no creyentes, de una religión y de otra, el derecho a la libertad religiosa. Institucionalmente la Iglesia se siente bien en estas coordenadas.

Porque la sociedad es plural, su unidad no es resultado de la uniformidad, que siempre sería forzada, sino de la convivencia respetuosa en las legítimas diferencias. Estas diferencias caracterizan a nuestra sociedad; consiguientemente, la noción de ciudadanía no debe reducirse a un común denominador sino tener en cuenta las diferencias constitutivas. Los creyentes, como los demás, pueden y deben ser buenos ciudadanos, sin renunciar a su especificidad. Unos y otros debemos, desde nuestra propia fuente, enriquecer el caudal de la ciudadanía. A partir de la específica postura fundamental ante la persona y la sociedad podemos compartir valores, derechos y obligaciones, aspiraciones y quehaceres, sobre los cuales podemos alcanzar acuerdos que regulen su transmisión a las nuevas generaciones.

¿Cómo promover esa común base moral? Porque la libertad humana, si no quiere ser insolidaria e incluso oprimente, es siempre libertad compartida con los demás, resulta claro que la armonía de las libertades, que mutuamente deben reconocerse y respetarse, “sólo puede hallarse en lo que es común a todos, a saber, la verdad del ser humano, el mensaje fundamental del propio ser, es decir, la lex naturalis” (Benedicto XVI). Los cristianos nos orientamos con la luz de la fe y con la luz de la razón, que a nuestro modo de ver están vitalmente unidas: La fe por su misma naturaleza busca entender y la razón si no cercena su dinamismo se abre hacia la fe. El mismo Dios es el Creador del mundo y del hombre, dejando sus huellas en el universo y su imagen en el ser humano. Jesucristo es el Salvador de los hombres, llamados a la comunión eterna con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, donde hallan su plenitud. La fe cristiana nos estimula a reflexionar y a buscar convencer con la fuerza de las razones en el diálogo con los demás; al creer no renunciamos al ejercicio de la razón, ya que la fe es razonable. Así, por ejemplo, cuando la Iglesia defiende el matrimonio como unión de un varón y una mujer, iguales en dignidad y diferentes sexualmente, para la mutua complementación y la transmisión de la vida y educación de los hijos, no defiende sólo el matrimonio canónico, sino también el matrimonio que, fundado en la misma condición humana, es patrimonio de la humanidad. No bastan los consensos legales, se necesita, además, respetar la verdad inscrita en la misma naturaleza.

A la Amatxo de Begoña pedimos hoy particularmente por las familias. Nos preocupa el altísimo número de rupturas matrimoniales. Son síntomas, que deben hacernos reflexionar sobre sus causas, la violencia doméstica que padecen muchas mujeres e incluso les arranca la vida; y los cerca de 3.500 padres que han denunciado a sus hijos por agresión en lo que va de año. Si recordamos que la familia es un pilar básico de la sociedad y de la Iglesia, comprendemos mejor el alcance de estos signos.

De María, Madre del Señor y nuestra Madre, Isabel elogió particularmente su fe: “Dichosa tu que has creído”. La fe, que tiene su morada en el corazón, despliega en los creyentes su dinamismo para que podamos orientarnos en medio de la complejidad de la vida. Es como una lámpara en el camino de la Iglesia y de cada cristiano.

El canto de María, proclamado en el Evangelio de esta celebración, es también profecía y promesa de un mundo nuevo, según el proyecto de Dios. “Su misericordia llega a su fieles de generación en generación”. Nunca se olvida Dios de la humanidad, de nosotros. “Dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc. 1,50-52). Anuncia María unas relaciones entre los hombres basadas en la misericordia, la justicia y el amor de Dios. Dios que es Amor nos enseña a hablar de El con amabilidad y a tratarnos con bondad.

A esta profecía de María unimos hoy nosotros la esperanza. Pedimos a la Virgen de Begoña que cambie nuestra inquietud en confianza, que la paz tan suspirada se afiance definitivamente contra toda amenaza. Una vez más por desgracia tenemos que hacernos eco en esta fiesta del peso terrible que pesa desde hace decenios sobre nuestra sociedad. Fue una equivocación grave el nacimiento de la organización terrorista ETA, ha sido mortífera su existencia durante tantos años y su persistencia obstinada es insoportable. Debe desparecer inmediata, total y definitivamente. Nadie le ha otorgado ni le reconoce representación alguna; existe y actúa contra la voluntad de este pueblo y de esta sociedad. Reclamamos la libertad frente a sus amenazas, que su misma existencia implica. Apoyamos a las víctimas de ayer y de hoy; que nos sientan cerca quienes han perdido seres queridos, quienes han sido extorsionados, quienes han tenido que salir buscando seguridad… ¡Que el Señor ilumine y fortalezca a quienes corresponde sobre todo la responsabilidad de abrir caminos en esta situación! ¡Unamos nuestros esfuerzos para erradicar la violencia terrorista que repercute tan negativamente en la vitalidad de este pueblo!

A María nos dirigimos en la fiesta de su asunción, con la invocación “Madre de misericordia y esperanza nuestra”. “Ella es consuelo y esperanza de su pueblo, todavía peregrino en la tierra” (Prefacio de la Misa). Si la escuchamos no fracasaremos, porque ella posee el secreto para acertar en el camino del bien y de la verdad (cf. Eclo. 24,17-22). En su regazo maternal ponemos nuestra esperanza de convivir sin amenazas y con plena libertad. Así como María junto a la cruz de Jesús “en el silencio de la esperanza, supo esperar la mañana de la resurrección”, que nos acompañe en las pruebas de la esperanza con su solicitud maternal e interceda por nosotros (Benedicto XVI. Carta a los católicos chinos, 20).

Nuestra Señora de Begoña es Patrona de Vizcaya según acuerdo de las Juntas Generales del año 1738, confirmado en 1903 por el Papa San Pío X. Con el texto bíblico podemos reconocer que “ha echado raíces” en nuestro pueblo (cf. Eclo. 24,12). Como Patrona a ella acudimos confiadamente, porque es nuestra protectora; de nuestros antepasados hemos aprendido a amarla e invocarla; ocupa un lugar preferente y entrañable en nuestro corazón. Estas raíces religiosas y marianas han contribuido decisivamente a configurar la identidad de nuestro pueblo. De estas raíces han brotado y fructificado virtudes de fe, de solidaridad y de esperanza. ¡Retornemos sin cesar a María en esta hora de perplejidad e inquietud para que nuestra tierra continúe produciendo frutos de humanidad y de santidad, de amor a Dios y a los hombres!

Queridos hermanos y hermanas, os deseo una gozosa fiesta de la Virgen de Begoña.

Bilbao, 15 de agosto de 2007


Mons. Ricardo Blázquez
+ Ob. de Bilbao

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FALLECE EL MISIONERO ELOY GUIJARRO

Pertenecía a la diócesis de Sigüenza-Guadalajara
Acababa de cumplir 66 años, 23 de ellos en Venezuela
Es enterrado en Arbancón en la tarde del 16 de agosto


A primera hora del miércoles 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen a los cielos, fallecía en Arbancón el sacerdote diocesano Eloy Guijarro Abajo. Tenía 66 años. Desde 1984 era misionero en Venezuela, país en el que fue delegado de los misioneros de la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal con Hispanoamérica).
Monseñor José Sánchez González, obispo de Sigüenza-Guadalajara, preside su sepelio en la iglesia parroquial de Arbancón, a partir de las 17,30 horas del martes 16 de agosto.

Capellán de honor del Papa

Eloy Guijarro, nacido en Angón el 25 de junio de 1941, fue ordenado sacerdote el 18 de febrero de 1967. Fue párroco de Arbancón y anejos hasta 1984, en que marchó a la parroquia de Cabudare (Venezuela). En el último año la enfermedad le ha apartado de la misión, a la que, no obstante, regresó recientemente.
Meses atrás, la comunidad parroquial del "Sagrado Corazón de Jesús" de Cabudare, a tenor del gran trabajo pastoral desarrollada por su párroco, solicitó, a través del arzobispo de Barquisimeto, que la Santa Sede le concediera la distinción pontificia de capellán de honor de Su Santidad el Papa, título que conlleva el tratamiento de monseñor. (ECCLESIA DIGITAL)

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miércoles, 15 de agosto de 2007

Cañizares lamenta impere hoy día 'hombre 'light'' con nihilismo por bandera


El arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, dijo hoy que 'sin fe en la resurrección' el cristiano 'pierde el mordiente' para enfrentarse 'a ese hombre 'light' de la civilización de nuestros días que lleva por bandera una tetralogía nihilista: hedonismo, consumismo, permisividad y relativismo'.
Así lo expresó en la Catedral primada de España durante la homilía de la misa pontifical de la festividad de la Virgen del Sagrario, patrona de Toledo, en presencia de la vicepresidenta segunda de Castilla-La Mancha, María Luisa Araújo; el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page, y miles de fieles que seguían el acto eucarístico desde el interior y el exterior del templo.
'Enhebrados por el materialismo' se encuentran los elementos de la tetralogía nihilista, explicó Cañizares, por lo que, añadió, crean 'un hombre sin sustancia, sin contenido, entregado al dinero, al poder, al éxito y al goce ilimitado y sin restricciones'.
El cardenal y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española consideró que 'el hombre 'light' carece de referentes, tiene un gran vacío moral y no es feliz aun teniendo materialmente casi todo', y, tras señalar que la debilidad en la esperanza es uno de los mayores problemas de la civilización actual, se preguntó 'cómo dicen algunos que los muertos no resucitan'.
Para hablar de la paz trajo 'a colación' palabras del Libro del Apocalipsis acerca de que Dios enjuagará las lágrimas e indicó que en el mundo 'no habrán de faltar muerte, dolor ni llanto' pero que 'con lo dicho, no se menosprecian naturalmente los esfuerzos para apagar el odio ni la guerra y establecer la paz, todo lo contrario'.
'Los esfuerzos en ese sentido (por lograr la paz) pueden ser anticipaciones, todo lo precarias y provisionales que se quiera, de la paz perpetua', agregó el cardenal antes de matizar que 'quien nos librará de las lágrimas y el sufrimiento será Dios mismo y no otro'.
También apuntó que 'en estos años se ha debilitado la fe en la resurrección, se han producido demasiados silencios en la enseñanza de la catequesis y en la predicación, y con todo ello se ha mutilado la fe cristiana'.
'Se la ha reducido a un sistema moral más', subrayó Cañizares.

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HOMILÍA DEL CARDENAL ARZOBISPO DE SEVILLA EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA


Gozo, tan santo como grande, es el que sentimos esta mañana. Aquí, con nosotros, está la Madre de Dios. Esta felicidad llega, no tanto de nuestros sentimientos, sino de sus méritos. ?Dichosa me dirán todas las generaciones porque el Padre misericordioso ha hecho en mi obras admirables!

Como buenos hijos, participamos en la alegría de la Madre, porque en ella contemplamos la bondad misericordiosa de Dios que se cuida de los débiles; de la sabiduría de Dios que ordena todas las cosas para que redunden en nuestro bien; del Padre providente que, en virtud de los méritos redentores de su Hijo, hace de María la mujer inmaculada en su concepción y enaltecida a los cielos en cuerpo y alma.

El Señor ha estado desbordado de generosidad con nosotros. Por eso estamos felices. ?Qué mayor alegría para los hijos que ver de esta manera celebrada y engrandecida su Madre? Gozos de la Santísima Virgen María que, junto a la Señora de los Reyes, queremos celebrar con inmensa alegría y gratitud.

Gozo de la bendición de Dios en Ella. Pues desde el primer momento de su concepción fue elegida inmaculada y llena de todas las gracia y virtudes. Porque, terminados sus días en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma al cielo. En este gozo de María resplandecerá la seguridad de que todos los que miran a Dios no quedarán confundidos en su esperanza. La mujer más humilde ha sido la más galardonada y enaltecida. El camino cristiano no puede ser otro que el de una vida en la que ofrecemos lo que de Cristo y de su Madre bendita hemos aprendido.

Gozo del amor y de la veneración de sus hijos. Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen con fidelidad. Esta bienaventuranza, que es promesa de felicidad, se realizó plenamente en la Virgen María. No puede haber un gozo mayor para una madre que el sentir que, ella misma, es el mejor modelo del que presumen sus hijos. Pues bien, la verdadera devoción a la Virgen María consiste en venerarla como Madre de Dios e imitar sus virtudes.

Gozo de la Madre en sus hijos. ?Bendito sea el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Para alabar al Hijo se le dicen palabras en honor de su Madre. ?Qué alegría para la madre que le digan que sus hijos se parecen a ella. Que son igual de bondadosos, de comprensivos, de misericordiosos, de justos, de llenos de caridad y amor a los demás...? Si María se parece a su Hijo Jesucristo, nosotros queremos parecernos a Ella. Por eso, con tanta devoción le cantamos a la Virgen de los Reyes: ?Tu eres espejo de la santa Iglesia!

Gozo del estar cerca de los más pobres y humildes. ?Proclama mi la grandeza del Señor, dice María, porque El se cuida de los pobres! Es la alegría de la Madre al saber que sus hijos están en buenas manos, que Dios les tiene de su cuenta.

Este gozo de la Madre de los Reyes es obligación moral y social para cuantos nos consideramos, y queremos serlo e verdad, fieles devotos de María Santísima. Creer en Jesucristo no es simplemente una idea, un conjunto de pensamientos y verdades, sino una forma de vivir, un comportamiento individual y social, una lealtad responsable con el Evangelio.
Gozo al ver que todo redunda en alabanza a su hijo Jesucristo. Aquí está la esclava del Señor, dijo María. Esa sumisión a Dios sería el principio de la presencia de Jesucristo entre nosotros. El Verbo de Dios hecho hombre en las entrañas purísimas de María. Por eso, cuerpo tan bendito no podía estar sino en la gloria del cielo. María, en la tierra, preparó la casa para que viniera Dios. Dios hizo en el cielo una morada especial de gloria para quien fuera la Virgen Madre. Si queremos estar con Dios para siempre, tengamos muy cerca ahora a Dios con nosotros.

Todos estos gozos de María y alegrías nuestras, tienen su fundamento más firme, no en una opinión cualquiera, sino en lo que Dios ha querido manifestarnos en Jesucristo. Una fe que cambia nuestra vida. Porque "creer no es sólo una forma de pensamiento, una idea; es una acción, una forma de vivir. Creer quiere decir seguir la senda señalada por la palabra de Dios" (Benedicto XVI. Homilía Asunción 15-8-06).

"Creer - como dice Benedicto XVI - quiere decir, ante todo, aceptar como verdad lo que nuestra mente no comprende del todo. Es necesario aceptar lo que Dios nos revela sobre sí mismo, sobre nosotros mismos y sobre la realidad que nos rodea, incluida la invisible, inefable, inimaginable. Este acto de aceptación de la verdad revelada ensancha el horizonte de nuestro conocimiento y nos permite llegar al misterio en el que está inmersa nuestra existencia. A esta limitación de la razón no se concede fácilmente el consenso. Y precisamente aquí es donde la fe se manifiesta en su segunda dimensión: la de fiarse de una persona, no de una persona cualquiera, sino de Cristo. Es importante aquello en lo que creemos, pero más importante aún es aquel en quien creemos" (Benedicto XVI. Homilía Cracovia-Blonia 28-5-06).

La fe en Jesucristo abre los horizontes de nuestra vida: "Todo lo que Dios nos ha dado encuentra realización perfecta en la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra: su Asunción al cielo en cuerpo y alma es para nosotros un signo de esperanza segura (...). En María Santísima vemos también perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. María de Nazaret, desde la Anunciación a Pentecostés, aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios. Su Inmaculada Concepción se manifiesta propiamente en la docilidad incondicional a la Palabra divina. La fe obediente es la forma que asume su vida en cada instante ante la acción de Dios. Virgen a la escucha, vive en plena sintonía con la voluntad divina; conserva en su corazón las palabras que le vienen de Dios y, formando con ellas como un mosaico, aprende a comprenderlas más a fondo (cf. Lc 2,19.51). María es la gran creyente que, llena de confianza, se pone en las manos de Dios, abandonándose a su voluntad (...). Por esto, cada vez que en la Liturgia eucarística nos acercamos al Cuerpo y Sangre de Cristo, nos dirigimos también a Ella que, adhiriéndose plenamente al sacrificio de Cristo, lo ha acogido para toda la Iglesia. Los Padres sinodales han afirmado que " María inaugura la participación de la Iglesia en el sacrificio del Redentor ".(104) Ella es la Inmaculada que acoge incondicionalmente el don de Dios y, de esa manera, se asocia a la obra de la salvación. María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente, es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús hace de sí mismo en la Eucaristía" (Sacramentum caritatis 33).

En verdad, Santísima Virgen de los Reyes, tú eres el espejo de todas las virtudes para nuestra Iglesia de Sevilla.


Sevilla, 15 de agosto de 2007

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Blázquez afirma que la persistencia obstinada de ETA es insoportable y tiene que desaparecer


TERRA – EFE .- El presidente de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, pidió hoy la 'inmediata, total y definitiva' desaparición de ETA, cuya 'persistencia obstinada' aseguró 'es insoportable', e insistió en que la banda terrorista 'actúa contra la voluntad de este pueblo'.
Blázquez realizó estas afirmaciones durante su homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Begoña de Bilbao con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen que congregó a miles de vizcaínos, muchos de los cuales peregrinaron desde la madrugada hasta la citada basílica para rendir homenaje a la 'Amatxo'.
'Una vez más por desgracia tenemos que hacernos eco en esta fiesta del peso terrible que gravita desde hace decenios sobre nuestra sociedad', afirmó Blázquez, quien aseguró que el nacimiento de ETA fue una 'equivocación' y matizó que 'nadie le ha otorgado' a la banda terrorista 'representación alguna'.
Calificó de 'mortífera' la existencia 'durante tantos años' del terrorismo y reclamó la libertad 'frente a sus amenazas'.
El obispo también tuvo un recuerdo de apoyo para todas las víctimas, 'para quienes han perdido seres queridos, quienes han sido extorsionados, quienes han tenido que salir buscando seguridad' y solicitó que el 'Señor ilumine y fortalezca a quienes corresponde sobre todo la responsabilidad de abrir caminos en esta situación'.
'Unamos nuestros esfuerzos para erradicar la violencia terrorista que repercute tan negativamente en la vitalidad de este pueblo' insistió Blázquez ante una Basílica abarrotada de fieles y donde también estaba el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, al frente de la corporación municipal.
Blázquez también pidió por la familia y mostró su preocupación por el 'altísimo número de rupturas matrimoniales' o por la violencia doméstica 'que padecen muchas mujeres e incluso a algunas les arrancan la vida'.
Destacó los 'cerca de 3.500 padres que han denunciado a sus hijos por agresión en lo que va de año' y reiteró el valor de la familia y el matrimonio como un pilar básico de la sociedad y de la Iglesia.
El presidente de la Conferencia Episcopal dijo que el 'Estado aconfesional es el marco adecuado que asegura a todos los ciudadanos creyentes y no creyentes, de una religión y de otra, el derecho a la libertad religiosa' y matizó que 'la Iglesia se siente institucionalmente bien en estas coordenadas'.
Al término de la homilía, Blázquez se reafirmó ante los medios de comunicación de la necesidad de que ETA desaparezca definitivamente, algo que el propio Azkuna dijo que también solicitó hoy a la 'Amatxo'.
Así, el alcalde de la Villa reivindicó la 'política con mayúsculas, de manera que la política con la palabra, con la razón y el argumento sea suficiente para conseguir los fines de cada cual'.
'No hay fin por muy increíble que parezca que no se pueda conseguir con la política', aseguró a los periodista Azkuna, quien añadió que para eso 'no hacen falta las armas, ni las bombas, ni la extorsión'.
Opinó que las relaciones del País Vasco con España y con Europa tienen que 'basarse en la política con mayúsculas' y se declaró 'pacifista y pactista'.
'Incluso los que quieren los fines más extremos al final tendrán que hablar y dialogar porque las pistolas no conducen a la solución', concluyó Azkuna, quien también deseó unas fiestas en paz para Bilbao, que el próximo sábado inicia su Semana Grande.
La festividad de la Asunción en Begoña acogió a miles de fieles que quisieron rendir su homenaje a la 'Amatxo' peregrinando muchos de ellos desde la madrugada para llegar a la Basílica, donde desde las cuatro de la madrugada se celebró la primera misa.
Desde esa hora y hasta las 9 de la noche hay una misa cada hora, excepto entre las 14 y las 16 horas, con una gran afluencia de fieles.
Ejemplo de ello es que muchos de ellos tuvieron que seguir la Misa Mayor desde el exterior.
Tras la homilía, Blázquez y Azkuna presidieron el tradicional 'aurresku' en honor a la Virgen de Begoña.
Los numerosos fieles que acudan hoy a Begoña podrán disfrutar de las decenas de casetas instaladas en el exterior de la Basílica donde se venden rosquillas y de las 'txoznas' en las que se puede disfrutar de algún talo.

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EL SÁBADO EL OBISPO DE PALENCIA BENDECIRÁ LA VIRGEN DE CAVARROSA


MARÍA TURIENZO/BUENAVISTA
El próximo sábado, 18 de agosto, el obispo de Palencia, José Ignacio Munilla, acudirá a Buenavista de Valdavia para bendecir la imagen de la Virgen de Cavarrosa, situada en un paraje a cuatro kilómetros del pueblo.
Los vecinos de todo el valle acudirán en romería hasta dicho lugar en el que el obispo oficiará una misa en honor a la Virgen.
Después de la eucaristía, que tendrá lugar a las 12 del mediodía y a la que también asistirán alcaldes de la zona, se realizará una comida campestre para todos aquellos que acudan al acto.
Es el segundo año que tiene lugar esta celebración para conmemorar la historia del monasterio medieval de Santa María de Cavarrosa que, según algunos escritos, se asentaba en la zona.

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martes, 14 de agosto de 2007

Primer encuentro del cardenal de Sevilla con la nueva delegada de Fiestas Mayores


ABC - El cardenal de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo, recibió ayer por primera vez a la nueva delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto, en el Palacio Arzobispal. Este primer encuentro institucional tras la designación de Prieto como responsable del área municipal sirvió de toma de contacto, así como para tratar algunos detalles relativos a la procesión de la Virgen de los Reyes de mañana.

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Vicente Rebollo toma posesión como Administrador Gerente del Arzobispado de Burgos


En la mañana de hoy se ha producido el relevo en la Adminidtración del Arzobispado de Burgos.
En un acto presidido por el Arzobispo de Burgos, Mons. Francisco Gil Hellín, el nuevo Administrador Gerente de la Diócesis, Vicente Rebollo Mozos, juraba su cargo.
El administrador saliente, José Luis del Rincón Cibrián, se despidió de sus colaboradores y compañeros en la Curia con un breve discurso en el que hacía un repaso por lo que ha sido la vida de la diócesis de Burgos a lo largo del último medio siglo, y deseando éxito a Vicente Rebollo en su nuevo cometido.
Por su parte, Rebollo agradecía al Arzobispo la confianza depositada en su persona para desempeñar el cargo de Administrador Gerente y pedía a Dios (recordando la peticiónj del profeta Eliseo a Elías) que le concediera dos tercios de la sabiduría de su predecesor.
En el acto, de carácter privado, estuvieron presentes los Vicarios General, Pastoral y Judicial, el Canciller Secretario y los miembros de la curia Diocesana, así como familiares del nuevo Administrador Gerente del Arzobispado de Burgos.

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domingo, 12 de agosto de 2007

LOS SIGNOS DE LA VENERACIÓN EUCARÍSTICA Carta a los presbíteros y diáconos por + Julián López Martín, Obispo de León


Queridos hermanos:
Deseo comentar con vosotros algunos aspectos del culto a la Santísima Eucaristía a propósito de la publicación de la Exhortación Apostólica postsinodal Sacramentum caritatis de S.S. el Papa Benedicto XVI, de 22-II-2007 (= SCa y nº)
[1]. Con este documento culmina una serie de intervenciones de carácter doctrinal y pastoral del Magisterio pontificio que comenzó con la Encíclica Ecclesia de Eucharistia del siervo de Dios Juan Pablo II (17-IV-2003)[2], con el propósito de mejorar las celebraciones de la Eucaristía y, a la vez, renovar e intensificar el culto del Misterio eucarístico en la Iglesia. Ahora bien, esto no será posible si los pastores no procuramos formar a los fieles de manera que adopten “una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras” (SCa 64). Esto tiene aplicación también a los elementos materiales que entran en la celebración litúrgica, como los signos, los lugares de la celebración, la colocación del Sagrario, etc.

Por eso deseo invitaros a leer atenta y reflexivamente la Exhortación Apostólica, para captar su riqueza teológica y espiritual. Como una ayuda y a modo de introducción a su lectura, en este mismo número se publica una conferencia mía ofrecida precisamente a sacerdotes.

Desearía también que, a medida que os adentráis en el documento pontificio, tengáis en cuenta el modo concreto de celebrar, con el fin de revisarlo, mejorar todo lo que sea mejorable y corregir lo que sea preciso. Para este es muy útil consultar también la Ordenación General del Misal Romano publicada en lengua española en 2005 (= OGMR y nº)
[3] e, incluso, la Instrucción Redemptionis sacramentum de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 25-III-2004[4].

Por último, os pido que pongáis en práctica las siguientes indicaciones y sugerencias, que afectan no sólo a la celebración de la Eucaristía sino también a su culto fuera de la Misa y a la misma Reserva eucarística. Su observancia tiene mucho que ver también con el comportamiento de los fieles en el interior de las iglesias.

1. Verdad y belleza de la celebración y del culto a la Eucaristía

Antes de entrar en las sugerencias concretas, me parece oportuno recoger y comentar esta afirmación de la Exhortación Apostólica: “La relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como también la revelación cristiana, está vinculada intrínsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia sí y nos llama a la comunión” (SCa 35). El Papa se refiere a una realidad mucho más profunda que una mera estética o armonía de las formas a la hora de celebrar la liturgia. Lo que está en juego, cuando se realiza una acción litúrgica, es la verdad del misterio que se hace presente en ella y que, a la vez, se oculta en el conjunto de signos, palabras y elementos que integran la celebración y que es necesario percibir claramente para entrar en contacto con él. La Iglesia no ha creado el ritual, los gestos, los símbolos, la música, etc., de su liturgia buscando la ceremonia, la majestuosidad o la pura solemnización, sino tratando de ayudar al hombre a entrar en comunión con Dios, para que le alabe del mejor modo posible y se deje santificar por Él. “La verdadera belleza (de la liturgia) es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual” (ib.).

Por eso, celebrar bien no consiste en ejecutar fríamente unos actos o recitar de manera rutinaria unas fórmulas de plegaria. En este sentido, no se puede olvidar que la forma externa condiciona decisivamente las actitudes internas. De ahí que se debe cuidar con el mayor esmero todo aquello que facilita la comunicación visual y verbal en las acciones litúrgicas. Especialmente hoy, cuando todo el mundo está acostumbrado a ver y a escuchar a auténticos maestros de la expresión. Y esto afecta no solamente a la responsabilidad de los ministros, sino también a la necesaria educación litúrgica de los fieles que ocupan la nave, a los que se ha de considerar como verdaderos participantes en la parte que les corresponde como miembros del pueblo sacerdotal (cf. 1 Pe 2,5.9)
[5]. “Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza” (ib.)[6].

2. Los gestos de la veneración

“Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucarística tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros. Eso se puede comprobar a través de manifestaciones específicas de veneración de la Eucaristía, hacia la cual el itinerario mistagógico debe introducir a los fieles. Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucarística” (SCa 65).

Por su parte, la OGMR es muy clara al señalar: “(Los fieles) estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que lo impida la enfermedad o la estrechez del lugar o la aglomeración de los participantes o cualquier otra causa razonable. Y, los que no pueden arrodillarse en la consagración, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de ella” (n. 43). La Conferencia Episcopal Española no ha señalado otro gesto, lo que quiere decir que la norma general tiene pleno vigor en España.

Allí donde la mayoría de los fieles permanece aún de pie durante la consagración, es necesario que, con claridad y paciencia, se les invite a recuperar el gesto de arrodillarse, explicándoles el sentido del estar de rodillas o de la inclinación profunda. Esta explicación debe hacerse antes de la celebración eucarística. En las iglesias en las que se instalaron bancos sin reclinatorio, los responsables deberían estudiar cómo hacer la oportuna adaptación a los mismos. Por otra parte, conviene también recordar a todos los fieles y enseñar a los más pequeños a poner en práctica la genuflexión, cuando pasan por delante del Santísimo Sacramento (cf. OGMR 274).

3. El modo de comulgar

La OGMR, cuando se ocupa de la distribución de la Comunión a los fieles dice: “El sacerdote toma después la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar, quienes, de ordinario, se acercan procesionalmente. A los fieles no les es lícito tomar por sí mismos ni el pan consagrado ni el sagrado cáliz y menos aún pasárselos entre ellos de mano en mano. Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo haya establecido la Conferencia de los Obispos. Cuando comulgan de pie, se recomienda que, antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia del modo que determinen las citadas normas” (n. 160).

Ya hace muchos años que en España se autorizó el recibir la comunión en la mano, correspondiendo a los fieles el usar o no de esta facultad
[7]. En su momento se indicó también el modo de hacerse. Anteriormente se había permitido así mismo comulgar de pie. Sin embargo las cosas se olvidan si no se recuerdan oportunamente, y a los niños, cuando se preparan para hacer la Primera Comunión, hay que enseñarles cómo deben proceder. Por eso no es infrecuente el que algunos fieles, al acercarse a comulgar, hacen ademán de quitar la Sagrada Forma de la mano del ministro. Otros se la llevan a la boca sobre la misma mano en la que la reciben. La indicación del Misal es clara, pero podría precisarse un poco más a la hora de explicarla a los fieles.

En efecto, los fieles comulgarán habitualmente de pie, haciendo antes una inclinación de cabeza, pudiendo recibir la comunión en la boca o en la mano. Si eligen este último modo, extenderán una mano abierta ante el ministro con la otra debajo, también abierta. Una vez depositada la Sagrada Forma en la mano, la persona que va a comulgar se la llevará con la mano libre a la boca, delante del ministro, antes de retirarse. Si eligen el modo de comulgar de rodillas, no es necesaria ninguna otra reverencia. Tratándose de niños, puede ser eficaz un sencillo ensayo con formas no consagradas.

Si se da la comunión bajo las dos especies, supuestas las condiciones exigidas para ello (cf. OGMR 282-287), cuando se hace “por intinción”, que es el modo más adecuado para hacerlo
[8], deberá recibirse obligatoriamente en la boca. No está permitido a los que comulgan mojar por sí mismos la Sagrada Forma en el cáliz, ni recibir ésta en la mano una vez mojada[9].

4. La colocación del Sagrario y de la Sede

“Es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucarísticas sea identificado fácilmente por cualquiera que entre en la iglesia, gracias también a la lamparilla encendida. Para ello, se ha de tener en cuenta la estructura arquitectónica del edificio sacro: en las iglesias donde no hay capilla del Santísimo Sacramento, y el sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante” (SCa 69).

Por su parte la OGMR dice también: “El puesto más habitual de la Sede será de cara al pueblo al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio o alguna otra circunstancia lo impida; por ejemplo, si, a causa de la excesiva distancia, resulta difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada o si el sagrario ocupa un lugar central detrás del altar” (OGMR 310; véanse también nn. 314-317).

En la gran mayoría de nuestras iglesias el Sagrario sigue formando parte del retablo mayor y se encuentra, por tanto, detrás del altar de cara al pueblo, generalmente a la misma altura en que ha estado siempre. A veces, sobre todo en iglesias de reciente construcción, el Sagrario sobresale por encima de la cabeza del sacerdote celebrante. Pero, a tenor de los dos documentos citados, el problema lo ha planteado un equivocado concepto de lo que es la Sede. Ésta no es un asiento más, sino que debe significar la función presidencial en toda celebración litúrgica. Por eso ha de estar situada de manera que haga posible la comunicación del sacerdote con los fieles, para que éstos puedan verlo y oírlo fácilmente. Colocada la Sede detrás del altar, cuando el sacerdote la usa, produce la impresión de que está sentado a una mesa.

Es cierto que muchas iglesias tienen un presbiterio muy reducido. Pero, teniendo en cuenta que la Sede ha de ser única y que, por tanto, no se requiere un asiento de cada lado, cabe ponerla en un lateral del presbiterio, en la parte opuesta a la del ambón. La Sede puede estar adosada a la pared de manera que el sacerdote, sentado, mira al ambón y escucha las lecturas como los demás fieles; y, cuando está de pie, puede volverse a la asamblea sin dificultad. En la concelebración, si no hay espacio en el presbiterio para los asientos de los concelebrantes o ministros, éstos se pueden situar delante de los fieles. Lo que importa es que se destaque la presidencia litúrgica -es uno solo el que preside- y que ningún ministro esté sentado o de pie inmediatamente delante del Sagrario dándole la espalda. Colocar la Sede delante del altar, tampoco es solución adecuada.

5. El cuidado de la Reserva eucarística

Las normas de la Iglesia acerca de la dignidad, reverencia y seguridad que se han de observar en el lugar donde se guarda la Eucaristía son expresión y garantía de la fe y veneración de las comunidades eclesiales hacia el Santísimo Sacramento y han ser observadas escrupulosamente (cf. Código de Derecho Canónico, c. 934-944). Me refiero de manera particular al decoro del Sagrario, a la lámpara encendida y a la custodia de la llave, que nunca debe dejarse puesta en la cerradura ni junto al Sagrario, una vez terminada la celebración, sino en lugar seguro en la sacristía (cf. c. 938; 940).

Ahora bien, la situación de las pequeñas parroquias de nuestra diócesis, especialmente en aquellos pueblos que se cierran durante el invierno o allí donde no es posible asegurar la Misa todos los domingos, obliga a que los párrocos y quienes hacen sus veces tomen las medidas oportunas. De ningún modo puede dejarse la Reserva eucarística en las iglesias de los pueblos que se cierran (cf. c. 934,2). En las iglesias en las que solamente se celebra la Misa una o dos veces al mes, para reservar el Santísimo Sacramento ha de procurarse que algún fiel, al menos, se responsabilice de su cuidado (cf. ib.), por ejemplo, visitando al Señor diariamente (cf. c. 937). De no ser así, es preferible que no se haga la Reserva. Cuando el Santísimo no esté reservado, se puede dejar abierta la puerta del Sagrario y la lámpara estará apagada.

6. Sobre los ministros extraordinarios de la comunión

En la Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis el Papa Benedicto XVI se dirige a los ministros de la Eucaristía con estas palabras: “Pido a todos, en particular a los ministros ordenados y a los que, debidamente preparados, están autorizados para el ministerio de distribuir la Eucaristía en caso de necesidad real, que hagan lo posible para que el gesto, en su sencillez, corresponda a su valor de encuentro personal con el Señor Jesús en el Sacramento. Respecto a las prescripciones para una praxis correcta, me remito a los documentos emanados recientemente
[10]” (n. 50).

Por su parte, la OGMR establece para la distribución de la Comunión: “Si están presentes otros presbíteros, pueden ayudar al sacerdote a distribuir la Comunión. Si no están disponibles y el número de comulgantes es muy elevado, el sacerdote puede llamar para que le ayuden, a los ministros extraordinarios, es decir, a un acólito instituido o también a otros fieles que para ello hayan sido designados
[11]. En caso de necesidad, el sacerdote puede designar para esa ocasión a fieles idóneos. Estos ministros no acceden al altar antes de que el sacerdote haya comulgado y siempre han de recibir de manos del sacerdote el vaso que contiene la Santísima Eucaristía para administrarla a los fieles” (n. 162).

Es evidente la intención de la Iglesia de que la Comunión sea distribuida, ante todo, por el sacerdote celebrante, ayudado si es necesario por otros sacerdotes o diáconos. Sólo cuando una verdadera necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios, entre los que se cuentan los acólitos instituidos, pueden ayudar al sacerdote celebrante, según las normas citadas. No cabe, por tanto, que habiendo ministros ordinarios en el lugar, se recurra a los extraordinarios. Estos no deben acceder, sin más, al altar para tomar por sí mismos la patena o el copón para ayudar a distribuir la Comunión, sino que han de recibirlos de manos del sacerdote. Terminada la distribución, tampoco deben ellos recoger las partículas sobrantes ni purificar los vasos sagrados. Si hay que trasladar las Formas consagradas al Sagrario situado lejos del altar donde ese está celebrando, es preferible que sea un sacerdote o diácono el que lo haga o el mismo celebrante, una vez terminada la Misa. Las deficiencias en el modo de tratar la Santísima Eucaristía terminan dañando las actitudes internas de veneración debidas a tan augusto Sacramento.

Para las celebraciones dominicales en la espera del presbítero, se requiere también que quienes, con la conveniente autorización del Obispo, las moderan o dirigen, actúen con el máximo sentido de veneración hacia la Eucaristía, según las normas de este tipo de celebraciones.

7. Sobre las disposiciones personales para recibir la Eucaristía

Estas indicaciones y sugerencias no serían del todo eficaces, como expresión de “una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras” SCa 64), si no se aludiera también a la práctica de la Iglesia según la cual “es necesario que cada uno se examine a sí mismo en profundidad (cf. 1 Cor 11,28), para que quien sea consciente de estar en pecado grave no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; en este caso, recuerde que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes”
[12].

El Papa Benedicto XVI escribe al respecto, sobre la relación entre los sacramentos de la Reconiliación y de la Eucaristía: “Como se constata en la actualidad, los fieles se encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado, favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la comunión sacramental. En realidad, perder la conciencia de pecado comporta siempre también una cierta superficialidad en la forma de comprender el amor mismo de Dios. Ayuda mucho a los fieles recordar aquellos elementos que, dentro del rito de la santa Misa, expresan la conciencia del propio pecado y al mismo tiempo la misericordia de Dios” (SCa 20).

En la siempre conveniente y, en ocasiones muy necesaria, catequesis sobre la celebración de la Eucaristía, no debiera faltar la explicación de dichos elementos o momentos de carácter penitencial -sin valor sacramental, por supuesto-, como los modos de hacer el acto penitencial, la oración en voz baja del sacerdote antes de comulgar (“Señor Jesucristo...”), la exclamación “Señor, no soy digno...”, etc.

Confío en que acojáis con el mayor interés estas observaciones sacadas de los últimos documentos sobre la Eucaristía y su celebración. Pueden parecer insignificantes, porque sin duda tenemos que ocuparnos también de celebrar bien -el ars celebrandi del que se habla en la Exhortación Apostólica- como condición indispensable para la participación consciente, activa y fructuosa en la Eucaristía (cf. SCa 38 ss.). Sin embargo, sin la adecuada correspondencia entre las actitudes internas de adoración, asombro y sinceridad ante lo que nos es dado celebrar, y las formas externas representadas por los gestos, los signos y los elementos de la celebración, nuestras celebraciones se quedarían en una estética puramente aparente y desprovista del verdadero espíritu de la liturgia, que no es otro que la presencia del Misterio de la fe.

Con el deseo de que en nuestra Iglesia diocesana “se crea realmente, se celebre con devoción y se viva intensamente este santo Misterio” (SCa 94), invocando la intercesión de María “mujer eucarística”.

León, 10 de junio de 2007, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo:
+ Julián, Obispo de León
[1] Está publicada en el “Boletín Oficial del Obispado” de marzo-abril de 2007, pp. 401-488.
[2] Véase “Boletín Oficial del Obispado” de marzo-abril de 2003, pp. 191-244. Además, la Carta Mane nobiscum Dómine de S.S. Juan Pablo II, de 7-X-2004, en “Boletín Oficial del Obispado” de septiembre-octubre de 2004, pp. 1015-1035; las Sugerencias y propuestas –Año de la Eucaristía- de la citada Congregación, de 15-X-2004, ib., pp. 1037-1087; e incluso los documentos preparatorios de la XI Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos publicados entre 2004 y 2005, en “Boletín Oficial del Obispado” de septiembre-octubre de 2005, pp. 939-1165.
[3] La Ordenación General del Misal Romano ha sido publicada en separata por los Coeditores litúrgicos el 28-I-2005.
[4] En el “Boletín Oficial del Obispado” de marzo-abril de 2004, pp. 275-349.
[5] “Es toda la comunidad, el Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza quien celebra. ‘Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es ‘sacramento de unidad’, esto es, pueblo santo, congregado y ordenado bajo la dirección de los obispos. Por tanto, pertenecen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan, pero afectan a cada miembro de este Cuerpo de manera diferente, según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual’”: Catecismo de la Iglesia Católica, Editores del Catecismo 1999, n. 1140; cf. n. 1144.
[6] “Es necesario que en todo lo que concierne a la Eucaristía haya gusto por la belleza. Se debe también respetar y cuidar los ornamentos, la decoración, los vasos sagrados, para que, dispuestos de modo orgánico y ordenado entre sí, fomenten el asombro ante el misterio de Dios, manifiesten la unidad de la fe y refuercen la devoción”: SCa 41; cf. 53; 66; etc.
[7] Aprobado por la XXIII Asamblea Plenaria de la Conferencia E. Española, en diciembre de 1975.

[8] Según se indica en la OGMR 285-b y 287.
[9] Cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, n. 104.
[10] Cf. Instr. Redemptionis Sacramentum, cit., nn. 80-96.
[11] Cf. S. CONGR. PARA LOS SACRAMENTOS Y EL CULTO DIVINO, Instr. Inæstimabile donum, del 3 de abril de 1980, n. 10; Instrucción interdicasterial sobre algunas cuestiones acerca de la cooperación de los fieles laicos en el ministerio de los sacerdotes, Ecclesiæ de mysterio, del 15 agosto de 1997, art. 8.
[12] Instr. Redemptionis Sacramentum, cit., nn. 81; cf. Código de Derecho Canónico, c. 916; etc.

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MÁRTIRES LEONESES DEL SIGLO XX EN ESPAÑA por + Julián López Martín, Obispo de León


Carta pastoral con ocasión de la Beatificación de 34 Siervos de Dios relacionados con nuestra Diócesis

Queridos presbíteros y diáconos, miembros de Institutos de Vida Consagrada y de Sociedades de Vida Apostólica y fieles laicos:

“Pretiosa in conspectu Domini mors sanctorum eius” -Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de sus fieles- (Sal 116,15 [Vg 115,8]). La Iglesia ha recogido este versículo del salmo “eucarístico” por excelencia, para aplicarlo a los mártires en el día de su nacimiento para el cielo (dies natalis o natalicio). En efecto, a Dios no le resulta indiferente que mueran quienes le aman. Por tanto, la ofrenda de la vida de quienes fueron odiados como Jesucristo y han muerto asociados a Él (cf. Jn 15,18-19; Fl 3,10-11), ha de ser considerada verdaderamente preciosa también para nosotros. No en vano la muerte de los mártires representa una misteriosa cooperación en la obra de la redención humana (cf. Col 1,24; 2 Tm 2,10).

Os escribo esta carta con gran gozo, y deseo que todos vosotros lo experimentéis también. Hace tiempo que esperábamos la confirmación de la fecha de la beatificación de este numeroso grupos de mártires del siglo XX en España. Tendrá lugar el 28 de octubre en Roma. El acontecimiento, en el que están implicadas prácticamente todas las diócesis españolas, nos atañe de manera directa además de a los respectivos Institutos de Vida Consagrada a los que pertenecieron la mayor parte de los Siervos de Dios. Entre esos 498 testigos de la fe y del amor a Jesucristo, cuyas causas de declaración de martirio han llegado felizmente a término
[1], hay un elevado número de hijos de nuestra Iglesia diocesana. Exactamente 29, a los que hay que añadir otros cinco relacionados con la diócesis de León por razón de estudios o por haber desempeñado en ella su labor apostólica. En total son 34 los hermanos nuestros que van a ser glorificados[2].

1. Un Santoral en aumento

Los santos, y especialmente los mártires, son “los mejores hijos de la Iglesia, en los que encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad”
[3]. En la lista adjunta a esta carta pastoral, elaborada sobre la documentación disponible hasta el momento, figuran los datos esenciales de cada uno de los Siervos de Dios vinculados a la diócesis de León que van a ser declarados beatos. En ella figuran el nombre civil y -en su caso- el nombre en religión, el Instituto de Vida Consagrada al que perteneció cada uno, la edad en el momento del martirio, el origen y la fecha del nacimiento, y la fecha del martirio y el lugar de éste. Así mismo, respecto a los no nacidos en la diócesis, el motivo que los relaciona con ella.

En un primer examen de la lista, se puede apreciar que la encabeza precisamente un seglar, Antero Mateo García, natural de Valdevimbre, labrador y padre de familia y más tarde trabajador ferroviario
[4]. El grupo mayor de los que van a ser beatificados lo integran 19 religiosos de la Orden de San Agustín, algunos jóvenes estudiantes todavía, como el H. José Antonio Pérez García, de Villapodambre, que tenía 18 años. Siguen cinco de la Orden de Santo Domingo y cinco de la Orden de los Carmelitas Descalzos, dos de la Orden de los Franciscanos y uno, respectivamente, de la Orden de la SS. Trinidad y de la Congregación Salesiana.

En razón del origen, son 26 los pueblos de nuestra diócesis donde han nacido los 29 Siervos de Dios leoneses, contando con dos hijos las parroquias de Besande, Castilfalé y Cerezal. Por razón de los estudios, destacan Valencia de Don Juan como lugar donde estudiaron tres Siervos de Dios (Escuela Apostólica de los PP. Agustinos), Vegarianza (Preceptoría) donde estudiaron otros tres, y Mogrovejo (Preceptoría) donde lo hicieron dos, aunque ninguno de los mencionados nació en la diócesis de León. Por razón de la actividad apostólica destaca nuevamente Valencia de Don Juan, en cuya casa de formación de los PP. Agustinos desempeñaron su tarea tres Siervos de Dios.

Estadísticas aparte, la beatificación de los 34 Siervos de Dios dará lugar a su entrada en el Calendario particular de la Diócesis de León, junto a los mártires diocesanos del siglo XX en España ya reconocidos, a saber, San Julián-Alfredo Zapico, de las Escuelas Cristianas (+ 9 de octubre de 1934), natural de Cifuentes de Rueda y al que estará dedicada una parroquia nueva en León, y los Beatos José Ricardo Díez, agustino recoleto, de Camposalinas (+ 25-VII-1036), Felicísimo Díez y Saturio Rey, ambos de Devesa de Curueño, y Lucio Martínez, de Vegas del Condado, dominicos los tres y martirizados el 29-VII-1936, y Concepción Rodríguez, carmelita de la Caridad, de Santa Eulalia de las Manzanas (+ 24-XI-1936). El Martirologio de nuestra diócesis, que encabeza San Marcelo, se ve enriquecido, por tanto, con nuevos nombres de los testigos de la fe que confesaron a Cristo en todos los tiempos y épocas de nuestra historia
[5].

Con todo, la lista de los Santos y Beatos leoneses no quedará cerrada con la beatificación de 28 de octubre de 2007. Confiamos que algún día figure también en ella la H. Ester Paniagua Alonso, agustina misionera, natural de Izagre (León), asesinada en Argel el 23 de octubre de 1994 con otra hermana de su comunidad, cuando iban a participar de la Eucaristía. Como lo esperamos igualmente de otros muchos religiosos y sacerdotes cuyas causas de declaración de martirio se iniciaron hace mucho tiempo en las diócesis donde murieron. Por nuestra parte, estamos deseosos de comenzar el proceso correspondiente de un grupo de presbíteros de nuestra diócesis. Sus nombres aparecen en una lápida de nuestra Santa Iglesia Catedral.

2. Significado de la beatificación

Reconocido el martirio de un Siervo de Dios, o la heroicidad de virtudes en el caso de los fieles cristianos que han muerto con fama de santos pero no de forma violenta, se produce primero la beatificación y más tarde la canonización. Conviene distinguir ambos actos, aunque la diferencia no afecta a la naturaleza del reconocimiento del martirio o de la santidad de los Siervos de Dios. Por otra parte, conviene precisar también que la Iglesia no hace santos, sino que reconoce y declara como tales a los que han vivido o muerto heroicamente en santidad.

En efecto, lo que entendemos generalmente por declaración formal del martirio o de la santidad de un fiel cristiano es el acto -de suyo un decreto- de la suprema autoridad de la Iglesia, por tanto, del Papa, por el que se autoriza la veneración o culto eclesiástico público de un Siervo de Dios. El culto, sin embargo, puede ser permisivo o preceptivo, local o universal. Si el decreto correspondiente permite tan sólo el culto, o si obliga bajo precepto pero no concierne a toda la Iglesia, se trata de una beatificación. Cuando el decreto contiene un precepto, y es universal en el sentido de que corresponde a toda la Iglesia dar ese culto, es un decreto de canonización.

La principal diferencia consiste, por tanto, en el alcance del culto que se autoriza o determina. Hasta la beatificación, se puede recurrir al Siervo de Dios de manera privada. A partir de ese momento, el Siervo de Dios es celebrado como bienaventurado e invocada su intercesión de manera oficial o pública, dado que la santidad y el gozar de la presencia de Dios han quedado demostrados a través de un hecho milagroso. En el caso de los mártires, el milagro viene a ser el martirio mismo. Por todo esto, en la beatificación se señala también el día en que se hará la conmemoración o fiesta del Beato en el Calendario litúrgico y se promulgan los textos de la Misa propia que se usarán en ella, pero el culto queda circunscrito todavía a las diócesis en las que nació y desempeñó su actividad y, en su caso, al Instituto de Vida Consagrada al que perteneció.

No obstante, son diferentes también las fórmulas usadas en la beatificación y en la canonización. En la primera es leída una fórmula sencilla por el que preside la celebración en nombre del Papa, generalmente el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. En la segunda, en la que siempre ha actuado el Santo Padre, se cantan previamente las letanías de los Santos y se emplea un texto mucho más solemne, en el que se invoca a la Santísima Trinidad y se alude a la suprema autoridad apostólica del Obispo de Roma. Por eso algunos teólogos han relacionado la canonización con la infalibilidad pontificia, al menos en cuanto a definir que el Siervo de Dios canonizado está en el cielo.

Nuestra Diócesis, por tanto, debe tomar buena nota de la declaración de santidad de los 34 Siervos de Dios, con el fin de rendirles la veneración que se merecen por el testimonio de su martirio y acogerse a su intercesión. En este sentido, siempre he creído que los procesos de declaración de martirio de unos fieles cristianos que dieron su vida por Jesucristo y por amor al prójimo, se produzca o no la beatificación y canonización al final, es siempre un acto de justicia para con ellos. No en vano el mismo Señor afirmó en la última Cena que no existe mayor amor que el dar la vida por aquellos a los que se ama (cf. Jn 15,13). Una vez que conozcamos la fecha señalada para la celebración de todos los que serán beatificados el 28 de octubre, trataremos de incluirla en nuestro Calendario litúrgico diocesano, si bien en cada pueblo o parroquia donde nació o vivió cada uno, se podrá celebrar la fiesta respectiva en el aniversario del martirio, salvo que el día esté ocupado ya por una celebración de rango mayor según las normas litúrgicas.

3. Los mártires y el martirio

Los obispos españoles hemos dicho en un Mensaje fechado el 26 de abril pasado: “Los mártires están por encima de las trágicas circunstancias que los han llevado a la muerte. Con su beatificación se trata, ante todo, de glorificar a Dios por la fe que vence al mundo (cf. 1Jn 5,4) y que trasciende las oscuridades de la historia y las culpas de los hombres. Los mártires ‘vencieron en virtud de la sangre del Cordero, y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte’ (Ap 12, 11). Ellos han dado gloria a Dios con su vida y con su muerte y se convierten para todos nosotros en signos de amor, de perdón y de paz. Los mártires, al unir su sangre a la de Cristo, son profecía de redención y de un futuro divino, verdaderamente mejor, para cada persona y para la humanidad”
[6].

A continuación citábamos unas palabras del Siervo de Dios Juan Pablo II, que completan esta idea: “Quiero proponer a todos, para que nunca se olvide, el gran signo de esperanza constituido por los numerosos testigos de la fe cristiana que ha habido en el último siglo, tanto en el Este como en el Oeste. Ellos han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, frecuentemente hasta el testimonio supremo de la sangre. Estos testigos, especialmente los que han afrontado el martirio, son un signo elocuente y grandioso que se nos pide contemplar e imitar. Ellos muestran la vitalidad de la Iglesia; son para ella y para la humanidad como una luz, porque han hecho resplandecer en las tinieblas la luz de Cristo […]. Más radicalmente aún, demuestran que el martirio es la encarnación suprema del Evangelio de la esperanza”
[7]

En ambas citas se encierra el significado del martirio como supremo testimonio de la fe -mártir significa justamente testigo- y de amor. Según una definición clásica, el martirio es la muerte aceptada voluntariamente en defensa de la fe cristiana o por otra virtud relacionada con ella
[8]. El Concilio Vaticano II se refiere al martirio de este modo: “El martirio, con el que el discípulo llega a hacerse semejante al Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, asemejándose a El en el derramamiento de su sangre, es considerado por la Iglesia como un supremo don y la prueba mayor de la caridad” (LG 42; cf. GS 21). En efecto, la clave del martirio está en esa identificación del cristiano con Jesucristo hasta el punto de que se hace verdad la frase de Tertuliano “Cristo está en el mártir”[9], expresión que recuerda la de San Pablo: “Estoy crucificado con Cristo. Vivo yo, mas no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí” (Ga 2,19b-20).

La referencia para comprender el martirio es siempre Jesucristo, el “testigo -mártir- fiel y veraz” (Ap 3,14; cf. 1,5), que dio solemne testimonio ante Pilatos (cf. Jn 18,37) como recuerda expresamente San Pablo a su discípulo Timoteo, animándole a conquistar la vida eterna mediante el combate de la fe que confesó públicamente al hacerse cristiano (cf. 1 Tm 6,12-14). En este sentido, Nuestro Señor Jesucristo, primero a través de su vida entera desde el momento en que hizo la entrada en el mundo (cf. Hb 10,5-10) y después en su pasión y muerte, nos dejó un ejemplo admirable de cómo hemos de conducirnos antes las contrariedades y la posible persecución (cf. 1 Pe 2,21-24). Incluso enseñó a perdonar a los enemigos y a orar por quienes nos acosan y calumnian (cf. Lc 23,34; Mt 5,43-48). Imitándole a Él los mártires han muerto perdonando a quienes les arrebataban la vida terrena. De este modo hicieron imposible la espiral de rencor y de venganza que genera a veces la muerte violenta. Por eso la memoria de los mártires no es en modo alguno reivindicación o alegato contra nada ni contra nadie, sino invitación y ofrecimiento de paz y de reconciliación.

Como he señalado antes, el martirio es la manifestación más elevada del amor cristiano a ejemplo de Cristo (cf. Jn 15,13). Al mismo tiempo es también la expresión más sublime del amor a la vida en plenitud. Aunque pueda parecer una contradicción, el que muere ante la disyuntiva de apostatar de su fe para seguir viviendo o confesar esa fe y por ello morir, en realidad está proclamando que se pone en las manos de Dios, autor de la vida no sólo terrena sino también inmortal. De los mártires proclama un himno del Apocalipsis: “Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte” (Ap 12,11). Aquí radica precisamente el milagro moral que acredita su heroísmo y santidad. Como canta el prefacio para las misas de los Mártires: “pues en su martirio, Señor, has sacado fuerza de lo débil, haciendo de la fragilidad tu propio testimonio”
[10].

Los mártires no fueron unos desesperados de la vida y menos aún unos fanáticos cegados por el odio. La actitud del mártir cristiano ha quedado perfectamente reflejada en las palabras de San Policarpo de Esmirna a punto de morir “Ochenta y seis años hace que le sirvo (a Jesucristo) y ningún daño he recibido de Él. ¿Cómo puede maldecir de mi Rey, que me ha salvado?”
[11]. Impresiona y conmueve comprobar que esa misma actitud la tenían nuestros mártires, algunos jovencísimos, como el ya citado Siervo de Dios José Antonio Pérez, a sus 18 años, y Esteban Vázquez y Gerardo Pascual, ambos de 21, etc. A esta edad muchos jóvenes padecen hoy un enorme despiste espiritual y en ocasiones moral. Los mártires, en cambio, estaban motivados tan fuertemente por la fe y la esperanza, y sobre todo por un amor sin medida a Jesucristo y al Evangelio, que les hizo capaces no sólo de vivir para el Señor sino también de morir por Él (cf. Rm 14,8). Esta fortaleza es fruto del Espíritu Santo, recibido en el Bautismo y en la Confirmación[12].


4. Las condiciones del martirio

Para que la muerte de un fiel cristiano sea considerada martirio, se requieren algunas condiciones. En primer lugar, que la muerte haya sido violenta, ya sea de forma instantánea ya sea como consecuencia derivada de una agresión anterior. A esta primera condición han de unirse los elementos formales del martirio, que consisten, primeramente, en que los causantes de la muerte lo hagan por odio a la fe o por rechazo de lo que representa la vida o conducta de quien obra en coherencia con aquella o con la condición bautismal, consagrada a Dios o ministerial de la víctima. Un segundo elemento formal, inseparablemente unido al anterior y que ha de probarse también, es la aceptación voluntaria de la muerte por amor a la fe o a Jesucristo o como acto de caridad hacia el prójimo
[13].

Como puede verse, la declaración de martirio de unos Siervos de Dios nada tiene que ver con reivindicaciones humanas de ningún tipo, por justas que puedan ser éstas. Tampoco es cosa de nuestro tiempo. Porque, desde los orígenes del cristianismo y en todos los lugares de la tierra donde ha sido predicado el Evangelio, la presencia de los discípulos de Jesús ha estado marcada siempre por el testimonio sangriento del martirio. La historia de los primeros siglos cristianos es en gran medida la historia de las persecuciones. De esa época son las Actas de los Mártires, algunas muy famosas como las del martirio de San Policarpo de Esmirna, ya citado. Entre nosotros son conocidas las de los mártires leoneses Claudio, Lupercio y Victórico. En todo caso, la persecución, de una forma o de otra, ha acompañado siempre el anuncio del Evangelio y el establecimiento de la Iglesia, hasta el punto que ha seguido siendo verdad la famosa frase de Tertuliano: "la sangre de los mártires es semilla de cristianos" (Apol. 50,13).

Las Iglesias particulares de España han ofrecido durante el siglo XX una verdadera pléyade de mártires, no sólo durante los trágicos años de 1934, 1936 y 1937, sino también en las últimas décadas, cuando no pocos misioneros y misioneras españoles fueron eliminados violentamente en los países donde desarrollaban su actividad evangelizadora y pastoral. En efecto, el catálogo oficial de los "testigos de la fe" de los tiempos modernos, confeccionado con ocasión del Gran Jubileo de 2000, supera la cifra de 10.000 nombres españoles. De ellos, 479 han sido ya beatificados en once ceremonias a partir de 1987, a los que se unirán los 498 del 28 de octubre. De aquellos, once son ya santos canonizados, entre los que se cuenta nuestro San Julián-Alfredo. Pero todos juntos representan solamente una pequeña porción comparada con la cifra total de los que, a lo largo de los tiempos, han dado testimonio e incluso la vida por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo (cf. Hch 15,26).

No hay que olvidar que las incomprensiones, las dificultades y no pocas veces la persecución, han acompañado siempre la penetración del Evangelio en la vida de la sociedad: “Todos los tiempos son de martirio. No se diga que los cristianos no sufren persecución; no puede fallar la sentencia del Apóstol: ‘todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución’. Todos, dice, a nadie excluye, a nadie exceptúa. Si quieres probar la certeza de este dicho, empieza tú a vivir piadosamente, y verás cuánta razón tuvo para decirlo”
[14].

4. Preparémonos para este acontecimiento

La próxima beatificación de los 34 hermanos nuestros, la mayoría nacidos en esta tierra y educados en la fe en nuestras parroquias, es una gracia de Dios para toda la Iglesia diocesana y aún para la sociedad. El martirio es la prueba más interpelante de la Iglesia de Jesucristo que, a pesar de estar formada por hombres frágiles, es capaz de ofrecer un espléndido testimonio de fidelidad incondicional a Jesucristo, como he señalado antes. Hoy necesitamos de modo especial este testimonio, cuando se difunde una mentalidad laicista que arrincona la religión a la esfera privada y cuando el espíritu de la reconciliación y de la paz parece amenazado en nuestra sociedad.

El ejemplo de firmeza de los mártires en los ideales cristianos y religiosos nos alienta también en esta época de penuria de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y al apostolado seglar. Basta fijarse en los pueblos de donde salieron, prácticamente todos ellos con una envidiable lista de sacerdotes, religiosos y religiosas y personas consagradas, que siguieron la llamada del Señor y que nutren todavía nuestro Presbiterio diocesano, incontables Institutos de Vida Consagrada y aun el apostolado y la vida seglar.

Os invito a todos, por tanto, a prepararos para este acontecimiento que hemos de celebrar como corresponde. Y a los que os sea posible, quiero animaros también a acudir a Roma para participar en la beatificación. Pero, sobre todo, oremos para que el testimonio de estos mártires, tan cercanos a nosotros en el tiempo y en los lugares de procedencia y de actividad apostólica, produzca en nuestra Iglesia diocesana abundantes frutos de fe, de caridad, de esperanza y de obediencia fiel a la llamada de Dios en todos los estados de la vida cristiana.

De manera especial me dirijo a los sacerdotes con cargo pastoral y a las comunidades religiosas a las que pertenecen los Siervos de Dios, para que organicen oportunamente, en vísperas de la Beatificación, catequesis a los fieles y vigilias de oración centradas en el valor espiritual y pastoral del martirio. Quiero pedirles también que, una vez efectuada la Beatificación y la celebración eucarística en nuestra Santa Iglesia Catedral en acción de gracias, con participación de todo el pueblo de Dios y las comunidades referidas, tengan también en cada pueblo o comunidad una solemne Eucaristía en honor del mártir o de los mártires respectivos. Sería hermoso, así mismo, que el recuerdo del acontecimiento se perpetuara en cada lugar, mediante una placa conmemorativa, colocada junto a la Pila bautismal en la que cada Siervo de Dios fue bautizado, como testimonio también de la culminación de una vida cristiana que nació allí mediante el sacramento del agua y del Espíritu Santo.

León, 30 de junio de 2007, Memoria de los Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana.

Invocando la intercesión de los nuevos Beatos, con mi cordial saludo y bendición:



+ Julián, Obispo de León


SIERVOS DE DIOS, MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN ESPAÑA,
RELACIONADOS CON LA DIÓCESIS DE LEÓN,
QUE SERÁN BEATIFICADOS EN ROMA EL 28 DE OCTUBRE DE 2007


A) POR RAZÓN DEL NACIMIENTO


Número en esta lista. (Nº según la Relación oficial). Nombre y Apellidos (Nombre en Religión). Instituto Religioso
[15]. Edad.
Pueblo natal (Provincia). Fecha de nacimiento.
+ Fecha del Martirio (Lugar).

1. (Nº 65). Antero Mateo García. Laico. 61 años.
Valdevimbre (León). 4-III-1875.
+ 8-VIII-1936 (Barcelona)

2. (Nº 213). Balbino Villarroel Villarroel. O.S.A. 26 años.
Tejerina (León). 30-III-1910.
+ 28-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

3. (Nº 449). Benigno Prieto del Pozo. O.F.M. 29 años.
Salce (León). 25-XI-1906.
+ 16-VIII-1936 (Fuente el Fresno. Ciudad Real)

4. (Nº 205). Bernardino Álvarez Melcón. O.S.A. 33 años.
Rosales (León). 31-VIII-1903.
+ 28-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

5. (Nº 436). Eleuterio Marne Mansilla. O.P. 27 años.
Gusendos de los Oteros (León). 17-II-1909.
+ 23-XII-1936 (Santander)

6. (Nº 490). Esteban Cuevas Casquero (Eliseo de Jesús Crucificado). O.C.D. 22 años.
Besande (León). 26-XII-1913.
+ 22-VII-1936 (Toledo)

7. (Nº 233). Esteban García Suárez. O.S.A. 45 años.
Canales (León). 1-VIII-1891.
+ 30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

8. (Nº 323). Esteban Vázquez Alonso. S.D.B. 21 años.
Carrizo de la Ribera (León). 27-VI-1915.
+ 6-XI-1936 (Guadalajara)

9. (Nº 372). Félix Alonso Muñíz. O.P. 40 años.
Oseja de Sajambre (León). 2-V-1896.
+ 24-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

10. (Nº 277). Froilán Lanero Villadangos. O.S.A. 25 años.
Villadangos (León). 3-X-1919.
+ 28-VII-1936 (Ctra. Madrid-Valencia. Km. 9)

11. (Nº 252). Gerardo Pascual Mata. O.S.A. 21 años.
Cerezal (León). 25-IX-1915.
+ 30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

12. (Nº 425). Isidro Ordóñez Díez. O.P. 27 años.
Campohermoso (León). 15-V-1909.
+ 31-VIII-1936 (Sama de Langreo. Asturias)

13. (Nº 452). José Álvarez Rodríguez. O.F.M. 22 años.
Sorriba (León). 14-X-1913.
+ 16-VII-1936 (Fuente el Fresno. Ciudad Real)

14. (Nº 253). José Antonio Pérez García. O.S.A. 18 años.
Villapodambre (León). 9-IV-1918.
+ 30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

15. (Nº 375). José María López Tascón. O.P. 40 años.
Aviados (León). 3-III-1896.
+ 25-VII-1936 (Madrid)

16. (Nº 243). Julio Marcos Rodríguez. O.S.A. 22 años.
Carrizal (León). 16-III-1914.
+ 30-XI-1936 (Madrid)

17. (Nº 52). Luis Minguell Ferrer (Luis María de la Virgen de la Merced). O.C.D. 34 años.
Pola de Gordón (León). 13-VI-1902.
+ 22-X-1936 (Barcelona)

18. (Nº 226). Matías Espeso Cuevas. O.S.A. 35 años.
San Martín de Valdetuéjar (León). 22-II-1901.
+ 30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

19. (Nº 176). Melchor Rodríguez Villastrigo (Melchor del Espíritu Santo). O.SS.T. 37 años.
Laguna de Negrillos (León). 28-I-1899.
+ 24-IX-1936 (Cuenca)

20. (Nº 484). Nazario Del Valle González (Nazario del Sagrado Corazón). O.C.D. 35 años.
Castilfalé (León). 28-VII-1901.
+ 31-VII-1936 (Toledo)


21. (Nº 224). Nemesio Díez Fernández. O.S.A. 23 años.
Prioro (León). 20-II-1913.
+ 30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

22. (Nº 232). Nemesio García Rubio. O.S.A. 24 años.
Vegapugín (León). 17-IV-1912.
+ 30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

23. (Nº 483). Ovidio Fernández Arenillas (Eusebio del Niño Jesús). O.C.D. 48 años
Castilfalé (León). 21-II-1888.
+ 22-VII-1936 (Toledo)

24. (Nº 491). Perfecto Domínguez Monge (Perfecto de la Virgen del Camino). O.C.D. 22 años.
Besande (León). 18-IV-1913.
+ 22-VII-1936 (Toledo)

25. (Nº 242). Ricardo Marcos Reguero. O.S.A. 45 años.
Villanueva de las Manzanas (León). 9-VI-1891.
+ 30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

26. (Nº 214). Sabino Rodrigo Fierro. O.S.A. 61 años.
Cerezal (León). 7-XII-1874.
+ 28-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

27. (Nº 420). Santiago Franco Mayo. O.P. 31 años.
Santa María del Páramo (León). 28-III-1905.
+ 18-VIII-1936 (Navelgas. Asturias)

28. (Nº 208). Senén García González. O.S.A. 31 años.
Villarín (Parroquia de Robledo de Omaña, León). 15-VII-1905.
+ 28-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid)

29. (Nº 296). Víctor Gaitero González. O.S.A. 59 años.
Valdemora (León). 18-X-1871.
+ 5-VIII-1936 (Fuente de la Higuera. Valencia)


B) POR RAZÓN DE LOS ESTUDIOS


Númeroen esta lista. (Nº de la Relación oficial). Nombre y Apellidos (Nombre en Religión). Instituto Religioso
[16]. Edad.
Pueblo natal (Provincia). Fecha de nacimiento.
+ Fecha del Martirio (Lugar).
Relación con la Diócesis de León (Varios de ellos pertenecen ya al grupo de los nacidos en León. Por eso no se cuentan)

1. (Nº 271). Antolín Astorga Díez, O.S.A. 30 años.
Aguilar de Campoo (Palencia). 16-II-1906.
+27-VII-1936 (Las “Emes” de Belinchón. Cuenca)
Humanidades en la escuela apostólica (Valencia de Don Juan)

-. Bernardino Álvarez Melcón, O.S.A. (ver n. 4)
Latín y Humanidades en la Preceptoría (Vegarienza)

-. Froilán Lanero ViIladangos, O.S.A. (ver n. 10)
Latín y Humanidades en la Escuela apostólica (Valencia de Don Juan)
-. Julio Marcos Rodríguez, O.S.A. (ver n. 16)
Latín y Humanidades en la Preceptoría (Mogrovejo)

2. (Nº 262). Luis Suárez -Valdés Díaz de Miranda, O.S.A. 62 años.
Ciaño – Sama de Langreo (Asturias). 19-VI-1874.
+30-XI-1936 (Paracuellos de Jarama. Madrid).
Bachillerato en los Agustinos (Valencia de D. Juan)
-. Matías Espeso Cuevas, O.S.A. (ver n. 18)
Latín y Humanidades en la Preceptoría (Mogrovejo)

-. Nemesio Díez Fernández, O.S.A. (ver n. 21)
Latín y Humanidades (Prioro y Riaño)
-. Nemesio García Rubio, O.S.A. (ver n. 22)
Latín y Humanidades en la Preceptoría (Vegarienza)
-. Senén García González, O.S.A. (ver n. 28)
Latín y Humanidades en la Preceptoría (Vegarienza)


C) POR RAZÓN DEL TRABAJO O DE LA ACTIVIDAD PASTORAL

-. Antero Mateo García, Laico (ver n. 1).
Actividad familiar (Cembranos)

1. (Nº. 268) José Gutiérrez Arranz, O.S.A. 53 años
Zuzones (Burgos). 14-IV-1883.
+27-VII-1936 (Las “Emes” de Belinchón. Cuenca).
Docencia (Valencia de D. Juan)

2. (Nº 276) Pedro Alonso Fernández, O.S.A. 47 años.
Faramontanos de Tábara (Zamora). 1-VIII-1988.
+ 28-VII-1936 (km. 9 Crtra. Madrid Valencia).
Pastoral en la Casa de formación (Valencia de D. Juan)

3. (Nº 275) Primitivo Sandín Miñambres, O.S.A. 43 años.
Santibáñez de Tera (Zamora). 25-I-1893.
+ 28-VII-1936 (km. 9 Crtra. Madrid Valencia).
Escuela apostólica (Valencia de D. Juan)

RESUMEN:

-Siervos de Dios nacidos en la diócesis de León: 29
-Siervos de Dios relacionados con la diócesis
por razón de los estudios: 2
-Siervos de Dios relacionados por otras causas: 3

-TOTAL 34

[1] Son exactamente 23 causas de declaración de martirio, muchas de ellas reanudadas después de más de cincuenta años de interrupción.
[2] Se llama Siervo de Dios al fiel cristiano, muerto con fama de santidad, al que se le abre la causa o proceso de beatificación y canonización.
[3] Prefacio de la solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre).
[4] En efecto, casado en Cembranos, tuvo ocho hijos, uno de ellos dominico y una carmelita descalza, ya fallecidos. Emigró a Barcelona en busca de trabajo, encontrándolo como obrero ferroviario. Se hizo adorador nocturno y más tarde terciario dominicano. Perseguido por ser católico practicante, fue asesinado el 8 de agosto de 1936. El siervo de Dios encabeza precisamente la causa n. 2, iniciada en Barcelona e integrada por doce miembros de la familia dominicana.
[5] Refiriéndome tan sólo a los mártires, San Marcelo, Patrono de la ciudad de León, es el más antiguo (s. III). Le siguen Santos Facundo y Primitivo (s. III-IV), Santos Claudio, Lupercio y Victorico (s. IV), San Vicente, San Ramiro y compañeros (s. IV), San Antonio (González) de León (s. XVII), y otros no suficientemente identificados, de manera que figuran en una celebración conjunta bajo el título de Santos venerados y Santos cuyas reliquias se honran en la diócesis de León, el 5 de noviembre.
[6] Conferencia Episcopal Española, Mensaje con motivo de la Beatificación de 498 mártires del siglo XX en España, de 26-IV-2007, n. 1.
[7] S.S. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in Europa, de 28-VI-2003, n. 13. Puede verse también lo que el mismo Pontífice escribía en 1994 a propósito de la preparación del Gran Jubileo de 2000: "Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes —sacerdotes, religiosos y laicos— han supuesto una gran siembra de mártires en varias partes del mundo... Es un testimonio que no hay que olvidar... En nuestro siglo han vuelto los mártires, con frecuencia desconocidos, casi «militi ignoti» de la gran causa de Dios. En la medida de lo posible no deben perderse en la Iglesia sus testimonios": Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, de 10-XI-1994, n. 37.
[8] Cf. Benedicto XIV, Opus de Servorum Dei beatificatione..., Prato 1839-1842, III, cap. 11, n. 1.
[9] De pudicitia, 22.
[10] En efecto, “dado que los mártires son personas de todos los ámbitos sociales, que han pasado su existencia haciendo el bien y que han sufrido y han muerto renunciando a salvar su vida y perdonando a quienes los maltratan, nos sitúan ante una realidad que supera lo humano y que nos invita a reconocer la fuerza y la gracia de Dios actuando en la debilidad de la historia humana”Conferencia Episcopal Española, Mensaje con motivo de la Beatificación, cit., n. 3.
[11] Martyrium Policarpi, J. Quasten, Patrología I, Madrid 1968, p. 86.
[12] “La fe, aumentada por la ascensión del Señor y fortalecida con el don del Espíritu Santo, ya no se amilana por las cadenas, la cárcel, el destierro, el hambre, el fuego, las fieras ni los refinados tormentos de los crueles perseguidores. Hombres y mujeres, niños y frágiles doncellas, han luchado en todo el mundo por esta fe hasta derramar su sangre” : San León Magno, Trat. 74,3, citado por C. Serna, Mártires, paradigma de cristianos, en M.E. Gonzçalez (dir.), El martirio cristiano. Testimonio y profecía, EDICE, Madrid 2007, p. 65.
[13] La aceptación de la muerte no quiere decir que el mártir no haya de procurar legítimamente evitarla. El poner a salvo la vida es un deber, excepto en el caso de los pastores de almas cuando su presencia sea necesaria para sostener a los fieles en la prueba.
[14] San Agustín, Serm. 6.
[15] Los Institutos Religiosos a los que pertenecen los Siervos de Dios se indican mediante las siglas siguientes: O.C.D. (Orden de Carmelitas Descalzos); O.F.M. (Orden Franciscana); O.P. (Orden de Predicadores –Dominicos-); O.S.A. (Orden de San Agustín –Agustinos-); O.SS.T. (Orden de la SS. Trinidad –Trinitarios-); S.D.B. (Sociedad de D. Bosco –Salesianos-).
[16] Como en el apartado anterior.

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