miércoles, 10 de enero de 2007

Orden en libertad y justicia


La sensación de desorden que transmiten los agentes políticos y sociales españoles en los últimos días, a mi juicio en una falsa búsqueda de la paz, viene generando un clima de crispación que deberíamos evitarlo. Creo que lo que hace falta es poner orden, no hay otra manera de hacerlo que en libertad y justicia, sino queremos volver a viejas etapas, llamar a las cosas por su nombre, dejarse de ambigüedades, puesto que cualquier sociedad que aspire a ser justa, antes tiene que ser libre, lo que conlleva cerrar los pasos, con las únicas armas del derecho, a los que han seguido el camino de la amenaza y el chantaje para sembrar el terror.

Lo primero es que tenemos que volver al camino de lo cabal, lo que requiere gobernantes capaces de imponer sus decisiones y acciones, encaminadas a la desaparición de los sembradores de violencias. Si uno no encontrase sabiduría y fortaleza democrática suficiente para instaurar ese orden y esa seguridad a la que todos tenemos derecho, se debiera ser lo suficientemente caballero para bajarse del pedestal y dejar sitio para que otros tomasen la rienda. Para instaurar la paz hay que tener todos los apoyos habidos y por haber, para llegar al fondo del conflicto y poder resolverlo. Nadie sobra, todos somos necesarios.

Por una parte, ETA se reafirma en los objetivos recogidos en la declaración del 22 de marzo, por la que la organización armada declaraba un alto el fuego permanente de cara a impulsar un proceso democrático en Euskal Herria. Por otra, tras asumir el atentado de Barajas, expresa su voluntad de reforzar e impulsar el proceso, y reitera su “firme determinación de responder en la medida que persistan los ataques contra Euskal Herria”. A ETA no sólo hay que decirle que con las armas no se refuerza e impulsa ningún proceso en libertad, hay que hacerle ver y convencer que sólo, desde los resortes democráticos, es posible avanzar ¿De qué ataques contra Euskal Herria habla ETA si la más grave amenaza contra la paz es atentar cruelmente contra la vida humana y coartar la libertad de las personas?

En cualquier caso, no podemos ni debemos tampoco, seguir instalados en el ahora sí diálogo y cuando me canse dejo de dialogar, porque lo único que se genera en la sociedad es más miedo y más odio, extendiéndose la atmósfera de encogimiento y confrontación. Ante cualquier problema entre gente civilizada, lo propio es poner sobre la mesa, no una artillería de bombas, sino el valor del diálogo libre y respetuoso, para superar las dificultades surgidas. Al hablar del diálogo no me refiero a los que se sitúan fuera de la legitimidad, los que no creen en los valores democráticos de ninguna manera pueden ser considerados interlocutores válidos, hablo de aquellas fuerzas sociales y políticas a las que no les asusta la palabra libertad, ni les espanta la justicia, ni la pluralidad de las nacionalidades y regiones como derecho de autonomía en la indisoluble unidad de la Nación española. Insisto, nos hace falta poner razón en asientos libres y que se arraigue como costumbre, no en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe por el bien común.

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
(Escrito día: 9 de enero 2007)