lunes, 25 de junio de 2007

Ser vasija de barro por Claudio de Castro


Dentro de poco (el 3 de julio) cumpliré cincuenta años.
Es mucho tiempo.
La vida se me ha ido y la he disfrutado. He procurado vivir en familia, con mi esposa y mis cuatro hijos. En este lapso he sentido, siempre, la presencia de Dios y he sabido reconocer su amor y su protección paternal.
Tengo la costumbre de hacer propósitos para cada cumpleaños (que no siempre logro cumplir).
Este año, cuando cumpla cincuenta, me gustaría convertirme en una vasija de barro. Tosca y simple.
Una vasija para Dios.
Una vasija donde habite Dios.
Ser morada de Dios Y Llevarlo a los demás.
A menudo me preguntaba cómo hacerlo, y descubrí la respuesta en la Biblia.
“El que me ama, guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él” (Juan 14, 21)
Esto es lo que buscaré, amarlo, guardar su Palabra para ser un sagrario vivo, agradable a Dios; donde Él pueda morar.
Después que cumpla medio siglo, ¿qué será de mí? ¿qué tiene el buen Dios planeado para su vasija de barro?
Será un cambio fuerte. Lo empezaré sin trabajo. Con el viento a veces en contra.
Me queda confiar y orar.
Soy un papá que ha visto crecer a sus hijos. Los oriento, les guío en sus pasos por la vida... y pienso que Dios con nosotros es mucho mejor, es un padre perfecto, todo amor y ternura. Por eso confiaré en su Palabra.
Lleno de esperanzas, inicio esta nueva etapa.
Me conformo con estar aquí, disponible para Él, para servirle con todo el corazón. Un corazón inquieto y agradecido.
Y tú, ¿qué me puedes regalar en mi cumpleaños? Tus oraciones.
Yo, a cambio, rezaré por ti, para que seas también, vasija de barro, vasija de Dios.